¿Cómo se modifica la presión arterial con el ejercicio?


La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias. La presión arterial incluye dos mediciones: un primer valor, la presión sistólica y un segundo valor, la presión diastólica. Ejemplo: 120/80.


Con el ejercicio físico los músculos aumentan la demanda de oxígeno y nutrientes, lo que obliga a nuestro cuerpo establecer adaptaciones cardiovasculares. La respuesta adaptadora de la presión arterial difiere mucho en los distintos modelos de ejercicio, pero desde el punto de vista descriptivo es útil considerar 2 modelos principales: el ejercicio dinámico o aeróbico y el ejercicio estático o de fuerza.


Adaptaciones tensionales al ejercicio dinámico/ aeróbico.


Los incrementos de la presión arterial son producto de la mayor necesidad de trabajo del corazón y por la demanda de sangre en las extremidades. A pesar de la mayor actividad contráctil del corazón en los ejercicios dinámicos, la presión arterial suele aumentar poco, porque las otras resistencias globales disminuyen. Por el contrario, en los estáticos (de fuerza), aumenta mucho la presión por el fuerte incremento de las resistencias vasculares.


Adaptaciones tensionales al ejercicio estático/ de fuerza.


En el ejercicio de fuerza se registran mayores contracciones musculares sobre todo en fases concéntricas e isométricas, de esta manera los músculos se contraen y comprimen a las arterias periféricas, lo que provoca un aumento de la presión arterial diastólica y de forma secundaria por las catecolaminas, aumento del gasto cardíaco y presión intraabdominal, así también aumenta la presión arterial sistólica, por lo que ambos valores de la presión arterial aumentan con el ejercicio de fuerza.

En cuanto a los cambios crónicos del ejercicio de fuerza también tiene un efecto reductor de la presión arterial, pero en menor medida que el ejercicio aeróbico/ dinámico.


Los valores tensionales alcanzados dependen de:


  1. Tipo de ejercicio

  2. La potencia del trabajo desarrollado

  3. Nivel de entrenamiento

  4. Características individuales (genética, enfermedades previas entre otras)

  5. Ambiente


Precauciones

  1. Si el ejercicio ha sido de elevada intensidad y se suspende de forma súbita, puede producirse un estado de hipotensión postejercicio con aparición de malestar, mareo e incluso ligero desvanecimiento principalmente en personas especialmente susceptibles o en condiciones climáticas desfavorables.

  2. Por esta razón en sujetos con inestabilidad tensional o cardiópatas es necesario realizar el ejercicio en 3 fases: calentamiento, ejercicios propios y enfriamiento; de esta manera se asegura que la transición a la etapa de reposo no se haga de forma brusca.

  3. Las modificaciones de la presión arterial son comparativamente mayores en los ejercicios realizados con los brazos que con las piernas, por la resistencia al flujo de sangre, por esta razón en hipertensos conviene programar ejercicios en los que participen los grandes grupos musculares de las piernas aunque el consumo de oxígeno sea menor.

  4. En la fatiga de origen cardiovascular por excesiva intensidad o duración del esfuerzo. Pmax tiende a aumentar de manera progresiva, mientras que la Pmin. y la pmed tienden a disminuir y aumenta la pdif algo parecido sucede con el sobreentrenamiento cuyo caso el aumento se evidencia también durante la ejecución de trabajos de moderada intensidad e incluso en reposo

  5. Los valores de presión arterial durante el ejercicio varían con el nivel de entrenamiento. En el deportista entrenado para el ejercicio aeróbico se toleran valores de presión máxima superiores a los alcanzables en personas no entrenadas.


Conclusiones


Los ejercicios de tipo aeróbico y de fuerza van a modificar la presión arterial de forma inmediata y a largo plazo, la elección del tipo de ejercicio va a depender de los objetivos y tratamiento, por un lado el ejercicio aeróbico dinámico va a reducir significativamente la hipertensión arterial y va a ser más seguro, pero por otro lado el ejercicio de fuerza puede ser beneficioso para pacientes pre-hipertensos o normotensos con obesidad, y reducir sustancialmente el índice de masa corporal y la circunferencia de la cintura.

Si se tiene alguna enfermedad relacionada a la presión arterial o enfermedad del corazón, es necesario consultar con el médico o fisioterapeuta antes de realizar ejercicio físico o alguna actividad, para que determine qué tipo de ejercicio e intensidad es más beneficioso y seguro.

El ejercicio de tipo aeróbico es una parte importante para el manejo de la hipertensión arterial, incluso en adultos mayores, que se puede ver reflejado con solo realizar caminatas, el mantenimiento de los beneficios va a continuar siempre y cuando se siga realizando el ejercicio de tipo aeróbico.



Referencias.

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  • Barbany. (2006). Fisiología del ejercicio físico y del entrenamiento. España: Paidotribo

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